Vino barato y reflexiones desafortunadas 

La noche estaba horrible, los pisos estaban mojados debido a la humedad, el aroma del lugar no era nada agradable y la gente parecía tan disgustada con su vida como de costumbre.

Llevaba tanto tiempo trabajando en ese sucio lugar que ya ni siquiera era consciente de ello, toda aquella mugre y borrachera formaba parte de su vida. Lo que a otros solía dejar con la boca abierta, a el le era indiferente. Ya no intervenía en peleas de borrachos ni se molestaba en escuchar las agresiones de los clientes que odiaban su propia vida. Simplemente dejaba que alguno de sus compañeros se ocupara de todo.

Hank era un negro de 35 años, había llegado al país a los 21, con la esperanza de encontrar la felicidad que tanto prometían los anuncios turísticos. Aunque no llevaba una vida lujosa, ni mucho menos, estaba conforme con lo poco que tenía. Sus únicas ocupaciones eran servir copas y escuchar las historias de algún que otro alcohólico que aparentaba tener más de dos dedos de frente.

El hombre de cabello largo llevaba en su mesa poco más de media hora y dos botellas de vino barato. No sobresalía de ninguna forma de la demás gentuza, además de por su habilidad de beber un vaso tras otro sin aparentar estar mareado, como si estuviese demasiado ocupado para dejarse llevar por la borrachera.

Cuando su vejiga llegó al limite, se dirigió al baño. Luego de orinar un adolescente colocado de quiensabequé le pidió dinero para un trago. Aunque el crío estaba demasiado ebrio como para resultar amenazante, el hombre le dio un billete sin responder y con cierto aire de superioridad. Luego de ello, decidió que el vino no era suficiente para esa noche. Se acercó a la barra y pidió un whisky con agua.

Luego de que le sirvan, preguntó a Hank si sabía donde podía conseguir algo de tila. Hank negó con la cabeza sin dejar de limpiar la barra.

– Rayos. Estoy harto.
– ¿Pasa algo malo?- Preguntó Hank
– Es el mundo, está jodido.
– ¿Y a ti que te importa?
– Ya sabes, todos deberían colaborar en algo, pero al parecer nos dejan la responsabilidad a unos pocos. Pero además de eso, todos están equivocados, incluso los revolucionarios. Prefieren estarlo.
– Piensas demasiado – Contestó Hank sin reflexionar.

Lo único bueno de aquel bar eran los precios y la música de fondo. Aún sin tener la más mínima idea de lo que estaban escuchando, todos disfrutaban de las selectas piezas de jazz.

– Es tarde, he perdido la fe.
– ¿En Dios? – Preguntó el barman
– No, en la propia humanidad. Siquiera dios está interesado.
– No seas tan duro con todos nosotros. El mundo estaba jodido siglos antes de que nazcamos.
– No estés tan seguro – Exclamó el extraño mientras empezaba a sentirse mareado, el whisky había cumplido con su deber.

Pidió un vaso con agua y preguntó a un anciano que estaba bebiendo, pago su próxima ronda.

– ¿Sabes? Alguna vez fui feliz. Ser conscientes de nuestras responsabilidades nos hace infelices.
– No sé de que responsabilidades hablas, solo me encargo de llenar copas, y aunque hiciera algo diferente nada cambiaría. – dijo Hank.
– Tienes razón, ya han llegado demasiado lejos como para poder arreglarlo todo. Pero no pienso morir nuevamente por sus pecados. Que se jodan.

Hank no prestó atención al comentario y dio por finalizada la conversación. El hombre notó el desinterés del barman y se despidió amablemente.

Luego de un rato, el adolescente yonkie fue hacia la barra y le dijo a Hank que un tipo yacía muerto en el baño. Hank fue a ver. Al entrar encontró al extraño en el suelo entre dos lavamanos, con un cigarrillo a medio fumar en su boca y las venas cortadas. Un vidrio roto se había encargado de ello. Al lado suyo se hallaba un borracho bebiendo de su sangre. El olor a vino inundaba el lugar.

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Vino barato y reflexiones desafortunadas  por Enrique Colpo se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.
Basada en una obra en https://estupidolibro.wordpress.com/2014/09/17/vino-barato/.